Otra vez acá, una vez más, otro día que pasa.
Detesto el día en que te conocí, no sabes por todo lo que he pasado, no sabes que es lo que he hecho por impedir situaciones que te involucran.
No puedo permitir, ni resistir ver a tu persona actuando como la que no eres.
Tu olor me sofoca, no creas que tu perfume me gusta, es odioso, y ahora huelo mucho a él.
¿Por qué?
Qué es lo que concideras tú de mi, no puedo evitar no pensarlo, mucho menos ahora que con cada bocanada de aire me hace imaginar tu inocente figura.
Detesto pensar el lo pasado, detesto estar hablando nuevamente, detesto ser tan egocentrico, detesto no poder hablar como una linda historia con final feliz, de un momento a otro, imágenes entrecruzadas me recuerdan, sólo imágenes, gritaba, imploraba por que supieras la verdad y a la vez la gran mentira de la persona que soy.
Te prometí no volver a exhalar humo, lo sigo cumpliendo, pero, talvés me equivoqué, nunca me dijiste, nunca me viste, nunca sabrás lo que trato de decir.
Dejar de recordar, me hace sentir que aún puedo cumplir, el no volver atrás hace que aparescan imágenes sucedidas hace muchos minutos atrás...
Esto sigue siendo pasado. No puedo respirar, no puedo recordar, dulce aroma a flores artificiales invaden mis circuitos.
Debo dejar de rememorar, no volver. Hablar.
Es un amanecer frío y con neblina, la luz del sol brilla por su ausencia, dispongo de una bufanda y una chaqueta, me dirijo a mi bolso, lo tomo y abro la puerta, camino eternamente por un sendero que me parece verde, a veces amarillo. No hay gente a quien pueda mirar, me siento solo, quiero llegar a mi destino sin tener otra alucinación. Mi eterna pasión me hace despertar del trance, cuatro ruedas. Dispongo de reducido tiempo para poder llegar a la fuente de inteligencia, grandes ruedas y un ruido que parece trueno se detienen en mis ojos, observo. Misteriorsamente el humo me transporta a un lugar que conozco para seguir viendo más humo, esta vez de gente, la mayoría fuma para relajar. Otra turba camina para llegar.
El estómago se revuelve, miro para muchos lados, esperando un milagro, nuevamente espero la rutina, un sicótico ruido me hace despertar de nuevo.
Atraviezo la reja, subo las escaleras, abro la puerta, y nuevamente todo colapsa. No puedo dejarme aturdir por la situación...
Colapso.
Read more
Detesto el día en que te conocí, no sabes por todo lo que he pasado, no sabes que es lo que he hecho por impedir situaciones que te involucran.
No puedo permitir, ni resistir ver a tu persona actuando como la que no eres.
Tu olor me sofoca, no creas que tu perfume me gusta, es odioso, y ahora huelo mucho a él.
¿Por qué?
Qué es lo que concideras tú de mi, no puedo evitar no pensarlo, mucho menos ahora que con cada bocanada de aire me hace imaginar tu inocente figura.
Detesto pensar el lo pasado, detesto estar hablando nuevamente, detesto ser tan egocentrico, detesto no poder hablar como una linda historia con final feliz, de un momento a otro, imágenes entrecruzadas me recuerdan, sólo imágenes, gritaba, imploraba por que supieras la verdad y a la vez la gran mentira de la persona que soy.
Te prometí no volver a exhalar humo, lo sigo cumpliendo, pero, talvés me equivoqué, nunca me dijiste, nunca me viste, nunca sabrás lo que trato de decir.
Dejar de recordar, me hace sentir que aún puedo cumplir, el no volver atrás hace que aparescan imágenes sucedidas hace muchos minutos atrás...
Esto sigue siendo pasado. No puedo respirar, no puedo recordar, dulce aroma a flores artificiales invaden mis circuitos.
Debo dejar de rememorar, no volver. Hablar.
Es un amanecer frío y con neblina, la luz del sol brilla por su ausencia, dispongo de una bufanda y una chaqueta, me dirijo a mi bolso, lo tomo y abro la puerta, camino eternamente por un sendero que me parece verde, a veces amarillo. No hay gente a quien pueda mirar, me siento solo, quiero llegar a mi destino sin tener otra alucinación. Mi eterna pasión me hace despertar del trance, cuatro ruedas. Dispongo de reducido tiempo para poder llegar a la fuente de inteligencia, grandes ruedas y un ruido que parece trueno se detienen en mis ojos, observo. Misteriorsamente el humo me transporta a un lugar que conozco para seguir viendo más humo, esta vez de gente, la mayoría fuma para relajar. Otra turba camina para llegar.
El estómago se revuelve, miro para muchos lados, esperando un milagro, nuevamente espero la rutina, un sicótico ruido me hace despertar de nuevo.
Atraviezo la reja, subo las escaleras, abro la puerta, y nuevamente todo colapsa. No puedo dejarme aturdir por la situación...
Colapso.